jueves, 15 de mayo de 2014

La voz del Ignominioso

Una de las mejores formas de tantear el panorama político es montarse a un taxi y preguntarle al conductor sobre su ideología y su intención de voto. Esta práctica la llevo haciendo hace muchos años y me he encontrado con unos casos absolutamente extraordinarios. 
Una vez me monté con un viejo, sobre los 70 años, y me contó que había tenido que dedicarse a ser taxista por la situación económica, pero en realidad era profesor de historia (ya no recuerdo su nombre ni tampoco de cuál universidad o colegio). Pues el viejo empezó contarme desde La Guerra de los Mil Días, de cómo perdimos a Panamá (que es lo mejor que le ha podido pasar a Panamá), sobre los Chulavitas y la Violencia (esa época pasada en la cual los colombianos se mataban entre colombianos -eso ya no pasa aunque sea!!-). Me contó como un dictador de derechas había terminado avalando a la izquierda y creando el M19. Me habló sobre los gobiernos de los Lleras (Carlos y Alberto) y los consideraba como los mejores gobiernos que han pasado en la historia del país. Sobre el desastroso gobierno de Turbay y las desapariciones de los estudiantes (la historia le ha dado la espalda a este hecho). Sobre Álvaro Gómez Hurtado, el revolucionario del partido conservador. Sobre el gran estadista que fue Virgilio Barco que no pudo gobernar gracias a que, cuando llegó a la presidencia, el Alzheimer ya se lo había llevado. Sobre los veinte años de ausencia presidencial en manos de Betancourt, Barco, Gaviria, Samper y Pastrana. Y finalmente habló del presidente Uribe y todos los escabrosos escándalos de su gobierno. Me bajé del taxi sintiendo que había recibido una cátedra, y así había sido.
Hace menos de un mes me volví a montar en un taxi. Esta vez venía un tipo sobre los treintaicinco años y le realicé el rutinario cuestionamiento político. Me contestó sin dudarlo: "soy uribista hasta la muerte". El tipo viene de un pueblo que se llama Guacamayas en Boyacá, y, según él, gracias al presidente Uribe su pueblo fue rescatado de las manos de las Farc. Tal vez tenga razón, gracias al gobierno Uribe se rescataron varios pueblos que estaban en manos de la guerrilla, y en su caso, entiendo perfectamente del porqué es Uribista. Pero luego contraataqué: le pregunté sobre los escándalos de su gobierno, sobre el 40% del congreso en la cárcel, sobre las chuzadas del Das, sobre los falsos positivos, sobre la Yidis-Política y los vínculos con el paramilitarismo. El tipo simplemente movía la cabeza de un lado hacia el otro negando lo que yo le decía. Finalmente, y al ver que mis argumentos simplemente le resbalaban, le hice una pregunta que sentenciaba una dramática hipótesis:
-Señor taxista -le dije- Si al expresidente Uribe, se le encontrara algún señalamiento en el cual -hipotéticamente- fuera responsable de alguna masacre...¿usted todavía votaría por él? La respuesta no pudo ser más contundente: "Claro que sí!!!"

Aunque no todos los uribistas podrían aseverar con tanto coraje ser cómplices de la barbarie, la mayoría de éstos callan, perdonan, señalan solapadamente que: -"obvio, el presi tuvo errores como todos los demás"- sin ponerse en los zapatos de los que sufrieron los "errores"... del presi.

El uribismo refleja el individualismo, la indiferencia, la indolencia de la mayoría de los colombianos. (aclaro que el adjetivo cuantitativo "mayoría" se lo dan ellos mismos). Pero es la verdad: en un país, donde casi todos sus ciudadanos no viven, sino sobreviven, qué les va importar que en el Urabá antioqueño, el ejército, bajo las órdenes de un general del gobierno Uribe, hayan degollado un niño de 18 meses. (buscar Santiago Tuberquia en google si es que estoy exagerando)...

ACOTACIÓN ABSOLUTAMENTE NECESITADA

Muchas personas me han dicho del por qué yo no reclamo con el mismo ahínco en contra de la guerrilla de las Farc y mi respuesta es esta: No he conocido aún la persona que me mire a los ojos diciendo que esté de acuerdo con lo que hace la guerrilla. No he conocido a una persona que me mire a los ojos diciendo que esté de acuerdo con el reclutamiento de menores, con los secuestros, con las minas quiebrapatas, ni con la financiación de la revolución a cuentas de los narcóticos.
Para mí, son unos dinosaurios metidos en el monte con la misma mentalidad de los cincuentas, del famoso corte de corbata, de los chulavitas, y seguidores de la cortina de hierro y el comunismo fracasado. No se han dado cuenta que Colombia y el mundo han cambiado, y su discurso no merece ni el más mínimo respeto, más sus vidas sí. Creo que así como se le dio la oportunidad al proceso de paz con los paramilitares, también se le debe dar la oportunidad a la guerrilla. Ya veremos cómo carajos lo van hacer.

VOLVIENDO CON EL TEMA...

Ahora, las esperanzas del país recaen en el ejemplar ÓSCAR IVÁN ZULUAGA, adalid de la lucha uribista. Mientras que todos sabemos que Oscar Iván Zuluaga no puede pensar por si mismo, así quiera, pues cada vez que vaya a hacer algo en contra del presi o algo que le moleste, lo van a tildar de traidor. OIZ, como se le conoce en los medios, se debe comportar como un buen cachorro, que llega a la presidencia (ojalá no) montado en las piernas del ignominioso. ¿Qué clase de líder puede ser ese? ¿Qué clase de presidente tiene que voltearse y preguntarle al innombrable si puede hacer X, Y, o Z. Pues Z nunca va a ser, siempre va a ser U.

Resaca: No tengo nada en contra de Óscar Iván Zuluaga, realmente no tengo nada, no me inspira odio, ni cariño, ni respeto, ni irrespeto, nada... no tengo NADA, no me inspira nada y realmente no vale NADA. Vale Uribe, y en contra de él, sí tengo mucho.