jueves, 13 de septiembre de 2012

La Papaya, maldita fruta del demonio (crónica de un atraco)

Ayer me atracaron con cuchillo por robarme el celular. Y aunque es una de las experiencias más aterradoras que he vivido en mi vida, tengo que estar agradecido: estoy vivo y escribiendo este artículo.
Es un poco absurdo, que después de que le roben el celular, uno tenga que decir: "Me fue bien; no me mataron". Luego de haber visto el caso del cura, del abogado, de la mujer en Bosa que la mataron frente a su hija de cinco años, y a todos estos por robarle el celular, me debo considerar un tipo afortunado. Sin mencionar que ayer le pegué al Baloto con tres cifras. Pero esa es otra historia.

Un buen amigo iba a dar su gran concierto ayer en la noche como telonero de Diego el Cigala en el Jorge Eliecer Gaitán.  Y como yo tenía pico y placa, otro amigo se ofreció a recogerme pero me pidió que bajara de mi casa hasta la cuarta con sesenta y seis. Ahí llegué y me senté en la matera de un edificio a esperar que llegaran por mí. En ese instante, recibí un mensaje de texto en el celular, y sin darme cuenta, rompí la regla número uno de la "prevención antirobo": saqué el teléfono en la calle.
Toca dejar claro que  esa regla tiene varias aristas: también se aplica para cámaras fotográficas, para gafas costosas, cadenas de oro, relojes, pulseras, aretes o baratijas, cualquier cosa está incluida. Y la regla se agrava aun más si se trata de una mujer; la regla número uno de la prevención antirobo, también se puede convertir en la regla número uno de la prevención anti-acceso carnal violento; si usted lleva minifalda, o un sugestivo escote, puede ser "culpable" de su propia violación. Es absurdo, lo sé, pero así parece ser.
La regla no está escrita en ningún lado, no me la enseñaron en el colegio, pero a la gente que le he contado la experiencia, me dice: "Mucha güeva, dio papaya". Esa maldita fruta que nos ha trastocado los principios. Como si uno fuera el culpable de las desgracias que le acontecen. Ya lo dijo el otro día Héctor Abad Faciolince en uno de sus magníficos Twitts: "Si se mueve lo mato. Me muevo, me matan; yo soy el culpable de mi propia muerte".

Como venía diciendo, saqué el celular y miré el mensaje de texto. En ese instante, un tipo sobre los 23 años, me preguntó la hora. "Son las seis y diecisiete" le contesté. Luego estiró su puño y me dijo: "Gracias panita". Yo también estiré mi puño contestándole el peculiar saludo y con su mano derecha me puso un cuchillo en el cuello. Me dijo: "bájese de lo que tiene hijueputa" - además de que me roba, me insulta-  y le entregué el celular sin ofrecer ninguna resistencia. Luego me dijo:  "¿tiene efectivo?" Y le dije con un clamor casi infantil acompañado de un puchero: "No tengo nada más, se lo juro". Al mismo tiempo, un joven que montaba unas cajas en una camioneta se percató de que algo raro estaba aconteciendo y se quedó mirando al atracador. Éste se dio cuenta y me dijo: "Si grita, le corto el cuello". El atracador salió corriendo y el joven de las cajas se me acercó y me preguntó si me habían robado. Yo le contesté que sí y me dijo que fuéramos por el tipo. "Suficiente adrenalina por hoy" le dije.

Desde ese momento hasta ahora, no he tenido un segundo de paz. Se me repite el atraco en la cabeza una y otra vez. Siento el acero frío del cuchillo en la yugular, el aliento del atracador, del cual, curiosamente, no me acuerdo en absoluto. Me he llenado de furia, de impotencia, de odio, de miedo. Y aunque es un poco vergonzoso confesarlo, debo admitir que ya tuve la oportunidad de vengarme.

Esta mañana entré a la ducha con el atracador y se repitió el atraco. Sólo que esta vez yo sabía jiu jitsu y le practiqué una llave demoledora que lo tiró al suelo. "¿Me quería robar cabroncete? pues mire!!!" y le patié los testículos. Ahí me puse Shampoo. Luego el tipo me trató de atracar nuevamente pero esta vez yo tenía un Taser (esos bichos que electrocutan a la gente, el mio tenía forma de jabón) y lo electrocuté. No una, sino varias veces. Y le decía: "¿qué era lo que querías hacer? ¿robarme? pues tome!!! zzzhhhhzhzhzhzhzhhzz... le descargué muchos voltios con una gran bola de espuma blanca en la cabeza. Y el tipo convulsionaba por la electricidad y yo le patiaba otra vez las pelotas: ¿ahora si muy machito? ¿sí? y tan!!. El tipo me rogaba que lo dejara en paz. Luego me juagué. Me quité el Shapoo y el tipo se desvaneció en forma de espuma por el cifón. Aunque es horrible confesarlo, me sentí muy bien por tan brutal desahogo. Salí de la ducha y analicé el robo con más cabeza fría.

¿Por qué pasan este tipo de cosas? ¿Qué mierdas estamos haciendo mal para que todos los días estemos oyendo más atracos y asesinatos? ¿falta de cuerpo policial? ¿falta de leyes para los hampones?
No tengo las respuestas, pero creo que el mayor problema, al cual nos estamos enfrentando, es a la indiferencia hacia millones de personas que viven en la extrema pobreza. Es bastante desalentador pararse en los cerros orientales y mirar hacia el sur-occidente; es una inmensa montaña naranja, completamente deforestada y ahora cubierta por precarias casas de ladrillo. Donde viven millones de personas que no tienen derecho ni a la salud ni a la educación y buscan, a cualquier costo, sobrevivir. Para una persona en estas circunstancias y, seguramente, con hambre, es completamente lógico atracar a un pobre imbécil que está hablando por celular en un callejón oscuro. Aunque no lo justifico para nada, puedo llegar a entenderlo.
Lo que está sucediendo en esta ciudad es una bomba de tiempo que ya estamos viendo estallar y que merece una inmediata atención. De lo contrario, vamos a tener que estar viviendo bajo el régimen de la maldita fruta del demonio: La Papaya.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

La Hidra de Lerna

El presidente Santos ha comenzado diálogos de paz con la guerrilla de las Farc. Y aunque soy el que más desea que todo le salga bien, me invade el negativismo y creo que estamos muy lejos de ver la paz en Colombia. 

No soy escéptico por lo que dice la ultra derecha: que los diálogos se deben hacer apenas se haya acabado la guerra. En ese entonces, en ese utópico lugar en el futuro, ya para qué. Los diálogos se hacen en medio del conflicto. Tal vez en medio de las balas. La idea es que este derramamiento de sangre, que ya lleva más de medio siglo, termine de una buena vez. 
Tampoco estoy escéptico por los que se sientan a negociar; aunque las Farc dejó plantado a Andrés Pastrana en la mesa de negociación hace ya más de diez años (la famosa silla vacía) y se rompió la confianza, creo que se les debe dar una nueva oportunidad. El discurso de Timochenko, aunque sigue siendo bastante prehistórico, es muy distinto al de un Manuel Marulanda. Igualmente, veo que Santos ha demostrado tener un perfil muchísimo menos guerrerista que el capataz maleducado que manejaba esta finca. 

Pero por lo que soy absolutamente pesimista, y veo que estas negociaciones no tendrán fruto para la paz de este país, es porque Colombia sigue igual, o peor, que antes de que se crearan las guerrillas. 
La inequidad social, más el problema del narcotráfico, hacen que estos diálogos de paz se hagan sin la infraestructura necesaria para que funcionen. Tal vez las Farc depongan las armas. Tal vez monten un grupo político. Tal vez, puede ser, que las negociaciones "funcionen" y que en un futuro no haya grupos subversivos de pensamiento marxista-leninista como las Farc o el ELN. Ni tampoco  haya los grandes y famosos capos como Pablo Escobar o los Rodríguez Orejuela. Pero mientras no se legalice la droga, el negocio seguirá ahí, latente, y seguiremos en guerra. Sólo que ahora será contra pequeños grupos de hampones sin cara, como las bacrim, o en tal caso, las farcrim. Los millones de dólares que entran a este país por el narcotráfico, caerán en las manos de sicarios de barrio organizados como la tenebrosa oficina de Envigado. Y el presupuesto destinado a la guerra, el 20% de PIB, no se invertirá persiguiendo guerrilleros en la selva sino en bloques de búsqueda de cientos de pequeños narcotraficantes. Algo muy parecido a lo que está sucediendo en México. 

En la mitología griega hay un ser que se llama la Hidra de Lerna. La Hidra es un monstruo, una serpiente policéfala, que cada vez que se le corta una de sus cabezas, le nacen dos nuevas. Así es el narcotráfico; puede que con estos diálogos de paz cortemos una de sus cabezas: las Farc. Pero sin legalizar la droga, saldrán nuevas cabezas. Y eso lo tengo muy claro.

En un futuro, tal vez agradezcamos que las Farc usaran uniforme y tuvieran una bandera, pues se les podía identificar y perseguir. Tal vez añoremos tener una cara del mal como lo fue Escobar y ponerla en los carteles de "se busca". Pues, sin la legalización de la droga, seguiremos peleando, inútilmente, contra la nefasta Hidra de Lerna.