lunes, 16 de mayo de 2011

Un rico pobre, un pobre rico

El fin de semana, en medio de unos vinos, se puso el tema sobre el gran destape de corrupción que está viviendo el país. El tema no era tanto puntual: el robo en la salud, Uribe, los Nule, Bogotá, etc.. sino del por qué el país ha llegado tan bajo en comparación a otros países.
Alguien, en medio de la efervescencia de la discusión, acotaba que Colombia está jodida desde que se fundó -estoy de acuerdo- pero que la culpa era de los españoles; que si nos hubieran colonizado los ingleses o portugueses estaríamos en otras circunstancias. Luego alguien mencionó que el problema de Colombia es estar en el trópico; que si tuviéramos estaciones, este país estaría mejor, pues con el mismo clima todo el año, la gente no se organiza. Alguien habló de la idiosincrasia; que el colombiano es de por sí ratero y mala clase. Se pasó por la guerrilla, la corrupción de los políticos, nuestro carácter violento, las drogas, en fin ...

Yo les dije que el problema de Colombia es, básicamente, que somos un país rico y eso nos condenaba, inevitablemente, a ser un país pobre. Mi afirmación es contradictoria, casi un oxímoron, pero está sustentada en la tesis de André Gunder Frank y - para mí- es la más acertada.

Gunder Frank, en su libro Lumpen-Burguesía: Lumpen-Desarrollo. Dependencia de la clase política en latino-américa. Hace un interesante análisis del por qué Colombia y otros países de latino-américa, están sumergidos en la pobreza absoluta siendo países con una gran cantidad de recursos y los compara con países desarrollados como los Estados Unidos, Chile, Argentina y Canadá. La conclusión del libro no puede ser más contradictoria: Los Estados Unidos son ricos porque eran un país pobre y nosotros somos pobres porque somos un país rico.
Cuando los colonizadores llegaron por estas tierras, no sólo encontraron oro, plata, bronce, piedras preciosas, infinitos recursos naturales, agua y alimentos sino que también encontraron mano de obra, mano de obra indígena barata. La explotación, así como de la tierra y de la gente, fueron nuestro fatídico destino. En cambio, en países como Estados Unidos, Chile y Argentina se vieron enfrentados a desoladas planicies y muy, muy poca mano de obra. En los Estados Unidos, al igual que las colonias portuguesas, no pudieron explotar la minería y se vieron obligados a sembrar y más adelante, a traer la mano de obra del África.
Esa diferencia es notable hoy en día; mientras ellos desarrollan tecnología e industria nosotros seguimos siendo un país de explotación de recursos, y no sólo de recursos, de gente. Nuestra terrible herencia fue la del LumpenDesarrollo, que en pocas palabras significa el anti-desarrollo.
El termino Lumpen, viene del texto de Marx y Engels cuando se referían a la Lumpen-Proletariat. (Lumpen: Bajo, sucio, andrajoso.) (Proletariado: Clase social más baja) Lumpenproletariado se refiere a lo que está por debajo del nivel proletario. En cambio, astutamente, Gunder Frank acuña el termino Lumpen a la burguesía; Lumpenburguesía, una clase explotadora que no piensa en comunidad sino que busca, a cualquier costo, lucrarse.

Esa es mi Colombia: una Lumpenburguesía en un Lumpendesarrollo. Esa es nuestra triste herencia: la explotación de los recursos sin pensar en el bien común, como bien se puede ver en la tala indiscriminada que se está haciendo en el Amazonas y en Chocó, en la minería en Santander, en las minas de carbón en Santa Marta y ahora en San Andrés. En este país no vivimos, sobrevivimos. Somos una sociedad en la cual no sobresale el pensamiento colectivo sino nuestro pobre individualismo. Aquí, como lo había escrito anteriormente, somos indiferentes al dolor ajeno como en el caso de las masacres y de los falsos positivos. Tampoco nos desvela que los recursos de la salud y de educación sean ferozmente arrasados por la corrupción. Pues, como tristemente hemos aprendido, mientras yo esté bien, qué más da. Hoy en día el problema no sólo es el pésimo manejo que se le está dando al país, es un problema cultural. La impotencia y la indiferencia son nuestro denominador común. Por eso aquí se eligió a un presidente como Uribe, un personaje maquiavélico que nos demostró que todo vale mientras se vean cierto tipo de resultados individuales.

El problema es cultural y el gran cambio no vendrá por la inversión extranjera, ni de la explotación minera, ni por el petroleo, ni por los controles a las instituciones; el gran cambio está en la forma de pensar y saber que, el bienestar llegará, el día que nos veamos como un país y no como lo que somos hoy en día: un manojo de soledades compartidas que buscan sobrevivir.