martes, 19 de enero de 2010

Un martes cualquiera

Mi vida ha cambiado radicalmente, ahora tengo más tiempo. Además de reclamar por los despropósitos y aversiones de este gobierno, tengo tiempo para escribir cuentos. No sé si sean buenos o malos, yo soy el editor, así que aquí va el primero.

UN MARTES CUALQUIERA


- ¿Y es que acaso no te piensas levantar?- le dijo su esposa antes de salir por la puerta del cuarto. Él la miró con odio, con repudio. - Que se vaya a la mierda- pensó. Y volvió a poner su cabeza en la almohada. -Que se vayan todos a la mierda-. Cerró los ojos y acomodó violentamente la almohada bajo su cabeza a sabiendas que ya no iba a conciliar el sueño. Oyó el taconeo por el corredor y luego un portazo. En la cocina se oía la radio. Oyó el precio del dólar, la caída de las acciones de la bolsa y una musiquita que anunciaba las 7 30 am. - Que se vayan todos a la mierda-. Respiró profundo y razonó - Aún puedo llegar a la oficina-. Se levantó de la cama con intenciones de meterse a bañar y recordó la frase que le había dicho su mujer antes de salir - ¿Y es que acaso no te piensas levantar?-. Se desvió hacía la radio y la lanzó con violencia contra la pared de la cocina. El aparato quedó en pedazos sobre el suelo. -Que se vayan todos a la mierda-. Un silencio inundó la situación.

Se sentó en la mesa y cerró los ojos. Abajo en la calle, un camión trituraba la basura haciendo un estruendo espantoso. Aún algunos pájaros cantaban sentenciando la mañana. Pasó un bus e hizo rechinar los frenos, luego un escape de aire. Oía las risas de unos niños que corrían por las escaleras del edificio.
Sintió calor y se quitó la camisa. - Que se vayan todos a la mierda- . Se dirigió a la nevera para buscar algo de beber. Jugo de naranja, un vaso de leche, yogur, kumis, cocacola. Tomó la cocacolay la sirvió en un vaso. El líquido negro entró en el vaso sin generar ninguna espuma. Bebió y escupió en el lavaplatos. Sacó dos hielos del congelador. - La cocacola sin gas sabe a jarabe- . Caminó con la cocacola hasta el bar y destapó la botella de whisky. - Que se vayan todos a la mierda- . El whisky ascendió hasta el borde del vaso y se lo bebió de un solo trago. Repitió la operación y se sirvió lo que quedaba de la botella. Miró dentro del bar y vio un paquete de cigarrillos - Un peche, qué bien-. Encendió uno y le dio una gran bocanada, luego otro sorbo whisky. Llevaba cuatro años sin fumar. - Que se vaya todo a la mierda- .Sintió un terrible mareo y se desvaneció sobre el suelo. El cigarrillo cayó sobre el suelo de madera y con el rabillo del ojo vio como la ceniza aún candente quemaba el parqué.

Cerró los ojos. A lo lejos se oía el camión de la basura, sentía el sabor dulce del whisky con cocacola sobre su lengua. Sintió que su cuerpo se bañaba en sudor.- Ya se me pasará-. Se dio vuelta sobre sí mismo y quedó bocabajo con la nariz sobre el piso esperando que el frió del suelo le quitara el mareo. Las palabras de su esposa le resonaban en la cabeza.- ¿Y es que acaso no te piensas levantar?- . La recordó haciendo ejercicios de pilates los domingos a las cinco de la mañana al frente del televisor. - ¿Y es que acaso no te piensas levantar?-. - Son las cinco de la mañana- reclamó en voz alta. Se levantó tambaleante y sudoroso. - Son las cinco de la mañana de un domingo, déjame en paz- gritó inútilmente a sus recuerdos.
Se dirigió hacía la chimenea y cogió el atizador de hierro. - No me vas a volver a levantar a las cinco de la mañana- dijo en voz alta. Se acercó al televisor de su cuarto y le dio un gran golpe a la pantalla. El atizador rebotó sobre el cristal sin hacerle prácticamente nada. Esto lo enfureció. - No me vas a levantar nunca más a las cinco de la mañana- repitió mientras golpeaba con más fuerza la pantalla del televisor. Después de un gran estruendo el atizador quedó metido dentro del televisor y un humo blanco invadió la habitación. - Ahora sí te veo haciendo aeróbicos, perra-.

En sus siete años de noviazgo nunca le había dicho perra, nunca le había levantado la voz. Siempre había sido ella la que gritaba y él se había sentido orgulloso de nunca haber perdido los cabales. - Sumiso de mierda- se dijo a sí mismo. Volvió al bar e inútilmente trató de llenar de nuevo el vaso con unas gotas de whisky. Dejó caer la botella al suelo. Buscó dentro de éste y entre las botellas encontró un licor de café. Trató de recordar como había llegado esa botella hasta allí y recordó una ancheta que le había regalado su jefe hace unos años. - Tacaño de mierda-. Abrió la botella y se la llevó a la boca, bebió dos grandes sorbos y asqueado repitió - Tacaño de mierda-. Sirvió más cocacola y llenó el vaso hasta el tope con licor de café. Tomó un gran suspiro y se bogó el vaso hasta el fondo. Sintió cómo ese líquido inmundo entraba por su garganta, cómo llegaba a su estómago e inmediatamente se le vino una arcada. Pensó tratar de llegar hasta el baño pero ya era muy tarde. Se asomó por la terraza y vomitó con todas sus fuerzas. El vomito voló los seis pisos hasta estrellarse sobre el andén al frente de una señora que cargaba unas bolsas de mercado. La señora aterrada miró hacía arriba y lo vio con su cabeza recostada sobre la baranda. - Cerdo asqueroso- le gritó desde abajo. La mujer esquivó el charco de vómito y siguió su camino. - Disfruta tus últimos años de vida, anciana de mierda- le gritó sin fuerzas. Sintió de nuevo otra arcada y esta vez un espeso y delgado chorro de bilis salió de su boca. Lo vio caer en cámara lenta, lo vio caer sin que se separara de su labio inferior. Se imaginó a sí mismo cayendo con el chorro de bilis. Se imaginó aplastado contra el andén sobre un charco de vómito y sangre. Se sintió feliz. Imaginó a su esposa llorando sobre la cama .Vio a sus padres en su entierro. A sus hermanos abrazados sobre el ataúd de madera. Se le aguaron los ojos y se dejó caer sobre el piso de la terraza. Lloró como no había llorado hace muchos años. Entre sollozos, se empezó a cuestionar por qué estaba así. ¿Qué tenía esa mañana? ¿Por qué había pensado en suicidarse? ¿Por qué odiaba a su esposa?.
- ¿Es qué acaso no te piensas levantar? - oyó de nuevo las palabras en su cabeza. Se levantó con furia y empezó a patear todo lo que encontró en su camino. Cogió la botella de licor de café y la lanzó con todas sus fuerzas contra un cuadro. Una explosión de vidrios y de licor cubrió toda la sala. - Me largo hijueputa, me largo y voy hacer feliz- Mientras corría hacía el baño sintió un terrible dolor en la planta del pie que lo hizo caer en el suelo, con el golpe, sintió otro dolor en el culo.- Jueputa, Jueputa, Jueputa!!!- gritó con todas sus fuerzas. Se miró el pie y vio, como un pequeño puñal, un gran pedazo de vidrio clavado en la planta del pie. Lo agarró y lo arrancó dando un desgarrador alarido. Del otro lado de la puerta, un vecino gritó: - ¿qué le pasa loco de mierda?. Se levantó con las intenciones de coger al vecino a golpes pero el dolor fue más fuerte y volvió a caer. - Jueputa!!!- cojeando se fue hacía el baño, dejando atrás un río de sangre.

Se puso de espaldas contra el espejo, sus calzoncillos se habían teñido de rojo. Con cuidado, se descubrió las nalgas y vio el pico de la botella clavado en su nalga derecha. Cerró los ojos y con otro alarido se quitó el pedazo de vidrio. Se lo puso ante sus ojos, aun traía una etiqueta con una figura precolombina que tenía escrito. "El licor de nuestra tierra". Botó el pedazo en la caneca. Chorros de sangre corrían por sus piernas. Se abrió las nalgas y vio una profunda herida. - Me largo hijueputa- por primera vez se dio cuenta que estaba ebrio. Se desnudó y cojeando se metió debajo de la ducha. El agua lo despertó. Sintió ardor en las heridas mientras se decía - Saco plata y me largo-. En ese momento se percató que no tenía plata en la cuenta. Salió de la ducha y se envolvió torpemente con una toalla blanca. Limpió el espejo y tras el vapor condensado sobre el cristal se encontró con su rostro blanco, mortecino, como el de un cadáver.
Caminó hacía el clóset y se encontró patinando sobre una espesa capa de sangre. - Me largo hijueputa-.Vio el atizador dentro del televisor, le dió la impresión de haberlo rotó ayer. El teléfono empezó a sonar. Podría ser su madre; o de la oficina; o su esposa. - Que se vayan a la mierda- . Luego sonó el celular. El ruido de los dos aparatos era ensordecedor.

Sacó unos jeans, se los puso sin calzoncillos e inmediatamente se tornaron morados. Los teléfonos seguían timbrando. Sintió un terrible mareo. Sacó una maleta debajo de su cama y sin cuidado metió toda la ropa que encontró en su clóset. Le dieron ganas de vomitar y corrió hacía el baño, pero se desvaneció sobre el suelo. Sus mejillas cayeron sobre una laguna de licor y sangre. - ¿Toda esta sangre no puede ser mía?- se preguntó. Había sangre por todo el apartamento, los teléfonos seguían sonando.
Se sintió solo y decidió ir a contestar pero su cuerpo ya no le respondía. ¿Cómo había llegado a esa situación? ¿cómo había llegado tan bajo?. - Yo tengo todo para ser feliz-. -No soy un niño famélico en Somalia; ni sufro de una neurofibromatosis; ni soy un desplazado en Sudan-. -Soy un imbécil, soy un imbécil, eso es lo que soy -. Oyó que alguién tocaba la puerta. -Ayuda- gritó sin voz. - ¿Don Juan Manuel se encuentra bien?-. Juan Manuel sintió que se iba a desmayar. - Ya llamamos a la niña Ana María y le dijimos que usted estaba muy raro. No se preocupe que dijo que ya venía para acá- . Sintió que un frío intenso lo envolvía y se puso en posición fetal.- Perdón mi Anita, perdón, soy un imbécil, te amo mi enana, perdón- Luego oyó un taconeo por las escaleras y el tintinar de unas llaves. - Juan, ya voy-. Juan Manuel vio borrosamente como se abrió la puerta. - Perdón mi enana, la cagué- . La imagen de Ana María se desvaneció en la oscuridad.

2 comentarios:

  1. ¡Buena y visceral historia!, no obstante siendo pretencioso y a lo mejor abusivo (puesto que no soy escritor ni dramaturgo) opino la trama es demasiado estructurada para un final tan resuelto, existen demasiados detalles describiendo la angustia, desesperanza y desasosiego de este personaje(lo cual a través de otros ojos podría resultar interesante) para cerrar con un final tan impredecible, aunque imaginable.
    Cero que esta frase "¿Toda esta sangre no puede ser mía?" no debería ir como un interrogante puesto que es una afirmación respecto al momento.

    Me gustan los cuentos...ojalá siga escribiendo!

    Saludos!!!!

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  2. Otra sugerencia:

    El titulo de su blog dice: "Yo viendo llover", de nuevo le recuerdo, no soy filólogo ni lingüista, pero me parece que al ser SU blog el YO sobra...sonaría mas...digamos "bonito" si solo se llamara Viendo Llover...

    De nuevo..un saludo...

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